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CRÓNICA MONTERREY / CAMBIAR TODOS DE ACTITUD

CRÓNICA MONTERREY / CAMBIAR TODOS DE ACTITUD

Por: Paco Tijerina

4 de noviembre de 2022.- En noche de clima agradable con algunas ráfagas de viento y ante más de media entrada, se lidiaron cuatro astados de Julio Delgado, uno más de Montecristo y otro de Bernaldo de Quiroz, todos de justísima presencia, débiles de remos y mansos en su conjunto.
Alejandro Talavante: palmas y división de opiniones tras aviso.
Joselito Adame: palmas y dos orejas.
Leo Valadez: oreja y silencio.

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Ya lo dijo Pepe Moros: “Cuando hay toros no hay toreros, y cuando hay toreros no hay toros”.

Si Joselito Adame salió a hombros y Leo Valadez cortó una merecida oreja, fue porque ambos terminaron embistiéndole a sus toros ante la falta de colaboración del remendado encierro que se jugó la noche de este viernes en la Monumental Monterrey “Lorenzo Garza”; Talavante se esforzó con el cuarto, pero se puso pesado con el acero.

Detalles, pinceladas, chispazos, pero ninguno de los trasteos vistos en el ruedo regiomontano fueron de esos que se quedan en la mente y te hacen vibrar el alma.

Hubo disposición y deseos de agradar de la terna y al final bien o mal el público se divirtió, aunque muchos quedaron con un sabor agridulce en la boca y una sensación de vacío, porque se esperaba mucho más de la noche.

Resulta imposible el intentar delinear una crónica cuando sólo hubo algunos acordes y no una melodía… tal vez los tambores de guerra de Adame y un par de arpegios de Valadez, pero párele de contar.

¿La culpa? Del pésimo juego del ganado, pero también de su escasísima presencia.

Resulta impostergable el que todos los actores del espectáculo cambien su actitud.

Por principio los toreros y sus apoderados que tienen que entender, de una vez por todas, que deben dejar de pedir toritos comoditos y chiquitos, así tengan la mejor de las sangres, porque con la materia prima que hoy exigen nada trasciende y sus “triunfos” son banales.

Por otra parte las empresas si verdaderamente buscan que el espectáculo perviva, necesitan dejar de aceptar imposiciones y ver más por su negocio de cara al futuro; entiéndanlo de una vez: sin emoción no hay toreo.

Mención aparte ameritan las autoridades que se convierten en cómplices de toreros, apoderados, empresarios y ganaderos al aceptar remedos de toros, en lugar de velar por el interés del público y la Fiesta. Los de anoche cumplían con los 435 kilos que marca el Reglamento como mínimo, ¿pero de verdad tenían el trapío suficiente para ser lidiados en una plaza como la de Monterrey?

De nada sirve que devuelvan 18 astados en la semana si los sustitutos son más chicos y al final terminan aceptando unos que son igualitos a los primeros de regresaron.

Yo sé que ser ganadero de bravo es una locura, afición pura, amor por el toro y la fiesta, pero… ¿de verdad no se cansan muchos de arrastrar por el fango el nombre de su ganadería? ¿Cuándo se van a armar de pundonor y dejar de aceptar las condiciones que imponen toreros y apoderados?

Es imposible proyectar una sensación de peligro cuando la cornamenta es del mismo tamaño que las orejas de un burel o cuando su rabo apenas alcanza a sobresalir de la penca.

Los aficionados también deben de cambiar su actitud y los que conocen de tauromaquia, especialmente las Peñas Taurinas, deben dejar el muro de los lamentos para dar un paso al frente y exigir se cambien y respeten los Reglamentos. Los 435 kilos que marca la norma para la Monumental Monterrey son total y absolutamente obsoletos.

Si como se pregona todos deseamos la supervivencia de la Fiesta es necesario e inaplazable cambiar de actitud, porque el juego de complicidades y silencios nos lleva inevitablemente al fondo de un precipicio.