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EL FUNDÓN / UN TRANVÍA LLAMADO FONSECA

EL FUNDÓN / UN TRANVÍA LLAMADO FONSECA

Paco Tijerina

Parafraseo con el título de la inconmensurable obra del estadounidense Tennessee Williams, para tratar de explicar un fenómeno que en estos momentos ocurre en distintas latitudes del México taurino.

Tras los golpes de mesa que el michoacano Isaac Fonseca ha dado en la Península Ibérica, aquí habrá un montón de oportunistas que pretenderán subirse al tranvía, inventando historias, divulgando cuentos y no faltará quienes, queriendo montarse en la ola, quieran hacerle propuestas más que indecorosas disfrazadas de “quiero apoyarte porque creo en ti”.

Fonseca ha conseguido en un tiempo relativamente corto lo que ninguno de los mexicanos que le han antecedido había logrado en España: hacer que los ojos de la afición azteca volteasen a verle con sumo interés.

Y mira que hoy hay en ruedos ibéricos una buena cantidad de connacionales que apuntan el cante; para muestra están Diego San Román y Miguel Aguilar.

Pero lo de Fonseca es de otro nivel, sobrepasa límites y causa expectación, despierta morbo e interés, enciende la pasión nacionalista, devuelve la esperanza en un torero que tiene trazas, insisto y subrayo “tiene trazas”, de convertirse en figura.

Y van a sobrar los que van a opinar “yo le vi tamaños desde la primera vez” o “yo estuve cuando toreó en la México” (como si el haber acudido al coso significase su adhesión al proyecto). En el tranvía del ganador todos se quieren subir.

Además de seguir triunfando y arrasar en su próxima actuación en Madrid buscando abrir la puerta grande del coso de la calle de Alcalá, lo que Isaac debe hacer es comprarse y ponerse de inmediato unos tapones de oídos para no dejarse llevar por el “canto de las sirenas”, haciendo oídos sordos a las múltiples propuestas que le estarán llegando en este mismo instante desde México para representarle y apoderarlo, además de ofrecerle una “alternativa de microondas”, así sea con las máximas figuras.

Ojalá que su apoderado en España, el matador de toros y propietario de la divisa de Flor de Jara,  Carlos Aragón Cancela, tenga la capacidad de hacerle ver la importancia del momento en el que el novillero mexicano vive y, sobre todo, del futuro que le puede esperar.

México carece de figuras por las prisas y arrebatos, porque cada vez que ha salido un gallo que muestra espolones, el propio sistema taurino azteca se ha encargado de reventarlo con su miopía de apresurar toreros. Fonseca tiene espacio y tiempo, puede darse el lujo de aguantar y consolidarse para convertirse en una verdadera figura de arrastre.

De lo que Isaac Fonseca y su entorno decidan en estos días dependerá su futuro para que se convierta en la figura del toreo que México espera y necesita, o termine tristemente como la pobre de Blanche de “Un tranvía llamado deseo”, diciendo: “Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños”.